Page 147 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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Entonces  otro  insecto  emerge  de  un  pequeño


              orificio en la base de la torre y asciende por ella.


              Toca el cristal con una antena, mientras dirige la

              otra hacia abajo para hacer contacto con la hueste


              reunida a sus pies. Los ojos anchos y redondos de


              Portia reciben tanta luz de luna como pueden, y


              se fijan en la recién llegada: una hormiga pequeña

              y  poco  interesante.  Lleva  una  prótesis  en  la


              antena, como las cortadoras de árboles, pero esta


              es  una  capa  fina  del  mismo  material  (metal,

              aunque eso Portia no lo sabe) que se afila hasta


              volverse invisible, de forma que la hormiga toca


              el  cristal  con  un  alambre  diminuto  y  delicado


              como un pelo.


              Y, ante los ojos de Portia, las hormigas comienzan


              a bailar.



              Nunca ha visto nada parecido. Unos temblores


              recorren  toda  la  alfombra  de  hormigas,

              originados  al  parecer  en  ese  contacto  entre  la


              antena de metal y el cristal, y extendidos por toda


              la  hueste.  Las  hormigas  ejecutan  oleadas


              constantes de movimiento, y cada una transmite

              a sus vecinas un mensaje rítmico que embelesa a


              toda la congregación.



              Portia lo observa en silencio y desconcertada.


              No es matemática. No consigue captar las series


              de  progresiones  aritméticas  y  transformaciones


              que  están  representadas  en  las  olas  de


              movimiento que pasan por las hormigas, no más




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