Page 166 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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consideraba un amigo, y que sus amigos, reales
(quienesquiera que fuesen) no tendrían muchos
escrúpulos a la hora de herirlo.
—¿Está la nave…? ¿Le ha pasado algo a la nave?
—preguntó, y al escucharse se percató de cuán
asustado debía estar. Sus emociones parecían
estar revoloteando por algún otro lugar de su
mente, separadas de su cerebro racional por el
muro progresivamente derretido de la cámara de
suspensión.
—Cállate o sufrirás —le dijo Scoles, con un tono
que sugería que disfrutaría haciéndolo. Holsten
se calló.
El de la cara fláccida se había quedado atrás, y de
repente cayó al suelo. Holsten pensó que se había
tropezado, e incluso hizo un intento automático
y abortado de intentar ayudarlo antes de ser
arrastrado por los demás. Sin embargo, Cara
Fláccida no se levantó, y el pistolero se arrodilló
junto a su cadáver, extrajo una segunda pistola de
la parte trasera del cinturón del muerto y luego
alzó ambas armas en dirección a unos atacantes
que Holsten ni siquiera había visto.
Le han pegado un tiro. Nada de disruptores para
Cara Fláccida. Por lo visto a alguien del otro
bando (los amigos de Holsten, en teoría) se le
había acabado la paciencia, la prudencia o la
piedad.
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