Page 218 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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—¡A las placas faciales! ¡Apuntad a la cara! —
gritó Scoles.
—También son a prueba de balas, gilipollas —
sonó la tensa voz de Lain en el oído de Holsten.
—¡Esperad! —chilló el clasicista—. ¡Que nadie
dispare! —Y Lain se encogió en brazos de Scoles
con un aullido que sonó abominablemente alto
en el oído de Holsten.
—¡Cretino! ¡Me has dejado medio sorda! —
escupió. El hombre junto a Holsten lo agarró por
el brazo para intentar usarlo como un segundo
escudo humano, y el clasicista se apartó
instintivamente. Un momento después el
amotinado yacía en el suelo, con tres manchas
oscuras extendiéndose sobre su uniforme.
Sucedió demasiado deprisa para que Holsten
reaccionase.
Otra amotinada había conseguido acercarse a los
de Seguridad, y Holsten vio que sacaba un
cuchillo. Estaba pensando que era una amenaza
muy poco impresionante cuando ella clavó la
hoja en uno de ellos, y abrió un corte a lo largo
del brazo del hombre, donde el material gris se
resistió a separarse, y las placas de armadura se
abrieron. El guardia herido agitó los brazos, y su
compañero (¿Karst?) se giró y disparó a la mujer,
aunque algunas balas alcanzaron al guardia y
rebotaron en su armadura.
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