Page 49 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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para  delegar.  Parecía  que  solo  habían  pasado


              unos días desde que Holsten se encontró bajo su


              severa  mirada  mientras  subía  a  su  cámara  de

              suspensión, pero cuando rebuscó en su memoria


              para  determinar  cuántos  días  exactamente,


              descubrió un área gris imposible de traspasar, la


              oscura  sensación  de  que  su  sentido  del  tiempo

              estaba descoyuntado.



              Parece  que  el  transcurso  de  dos  mil  años  tiene  ese


              efecto.  A  cada  minuto  que  pasaba  volvía  a


              sorprenderse por la revelación de la inverosímil

              fortuna  que  había  favorecido  a  los  presentes.


              Satisfactorio, había dicho Lain.



              —¿De  dónde  proviene?  —preguntó  Holsten—.


              ¿Está donde pensamos que estaría?


              Guyen se limitó a asentir, controlando sus rasgos,


              pero Holsten sintió que lo recorría un escalofrío


              de  emoción.  ¡Existe!  Es  real,  después  de  todo  este


              tiempo.


              La Gilgamesh no se había limitado a lanzarse al


              vacío al azar para escapar al final de todo lo que


              habían dejado atrás. Después de todo, su misión

              no era tan suicida. Habían estado siguiendo los


              mapas y las cartas del Viejo Imperio, obtenidos


              de satélites caídos, de fragmentos de naves, de los

              caparazones rotos de las estaciones orbitales que


              contenían los cadáveres momificados por el vacío


              de los antiguos amos de la Tierra. El vacío y las








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