Page 277 - El hombre ilustrado - Ray Bradbury
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vientos de marzo. Los anuncios de neón estallaron


           con  colores  eléctricos.  Los  taxis  amarillos  se


           deslizaron por la noche tranquila. Se levantaron los

           puentes  y  los  remolcadores  mugieron  en  los


           muelles  nocturnos.  Los  telones  se  alzaron  sobre


           brillantes escenas musicales.



           Saul se llevó bruscamente las manos a la cabeza.



           —¡Basta! ¡Basta! —gritó—. ¿Qué me pasa? ¿Qué es


           esto? ¡Me vuelvo loco!


           Las hojas brotaron en los árboles del Central Park,


           nuevas y verdes. Saul caminaba por los senderos,


           bebiendo el aire.



           —¡Basta, basta, tonto! —se gritó Saul a sí mismo. Se

           apretó la frente entre las manos—. ¡Esto no puede


           ser cierto!



           —Lo es —dijo Leonard Mark.



           Las torres de Nueva York se desvanecieron. Marte


           volvió.



           Saul, de pie en el fondo del mar seco, miró fijamente

           al recién llegado.



           —Usted —dijo, apuntando con un dedo a Leonard


           Mark—. Usted lo hizo. Con la mente.



           —Sí —dijo Leonard Mark.



           Se miraron en silencio unos instantes. Al fin, Saul le

           tomó la mano al joven desterrado y se la sacudió,


           una y otra vez, diciéndole:







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