Page 281 - El hombre ilustrado - Ray Bradbury
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Iremos a Grecia, pensó. A Atenas. Si queremos,
iremos a Roma y estudiaremos allí a los escritores
latinos. Visitaremos el Partenón y el Acrópolis. No
sólo hablaremos; estaremos, además, en el lugar
indicado. Este hombre tiene ese poder. Cuando
hablemos del teatro de Racine, construirá un
escenario y creará unos actores, todo para mí. Por
Dios, ¡nunca en la vida tuve nada mejor! Cuánto
mejor es estar enfermo en Marte que allá en la
Tierra sano y sin estas habilidades. ¿Cuántos han
visto un drama griego representado en un
anfiteatro del año 31 a. de C.?
¿Y si yo se lo pido, serena y seriamente, tomará este
hombre el aspecto de Schopenhauer y Darwin y
Bergson y todos los otros pensadores antiguos? Sí,
¿por qué no? ¡Hablar con Nietzsche en persona, con
el mismo Platón!
Sólo hay un inconveniente. Saul se estremeció.
Los otros hombres. Los otros enfermos que yacían
a lo largo del mar muerto. Vio a lo lejos que los
hombres se movían, acercándose.
Habían visto el resplandor del cohete, el descenso,
la llegada del pasajero. Ahora venían lentamente,
penosamente, a saludar al terrestre.
Saul sintió frío.
—Oye —dijo— Mark, creo que será mejor que nos
vayamos a las montañas.
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