Page 1143 - Seveneves -Neal Stephenson
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apropiado llamarlo espacio espacial. Kath Two,
manteniendo un ojo en la breve y formal
conversación entre Rhys y Paramebulador —que
a su entender no tenía nada que ver con lo que
fuera que significara pincharlo, pero así es como
les gustaba expresarse a los dinanos—, vio que
pasarían a través del hueco de veinte kilómetros
de anchura entre los hábitats llamados Saint‐
Exupéry y Knutholmen. A medio camino entre
ellos había una estación látigo. Casi todos los
hábitats de importancia estaban flanqueados por
dos de ellas. Las estaciones látigo eran pequeños
hábitats, tripulados por media docena, más o
menos, de humanos que cambiaban cada pocos
meses para que no se volvieran locos de
aburrimiento. Su trabajo era cuidar de miles de
eslavoles: la última generación de un linaje de
robots que se remontaba en el tiempo al trabajo
de Rhys Aitken a bordo de Izzy. Él había
trabajado con jejenes del tamaño de una uña. Los
que había en las estaciones látigo cumplían las
mismas funciones, pero eran mucho mayores. Las
cadenas que formaban tenían la masa y el ímpetu
de trenes de carga anteriores a Cero, capaces de
undular y restallar como un látigo, y de alcanzar
objetivos lejanos, como la mosca al final del sedal
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