Page 635 - Seveneves -Neal Stephenson
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circular.
Lo que era cierto para el sistema solar en su
conjunto también valía para el sistema Tierra‐
Luna. La Luna había dado vueltas alrededor de la
Tierra siguiendo una órbita casi circular. De vez
en cuando, una piedra vagabunda del espacio
profundo entraba a través de un punto de
libración y quedaba capturada en órbita
geocéntrica, pero tarde o temprano chocaría con
la Luna o con la Tierra, o sería expulsada tras un
encuentro cercano con uno de esos dos cuerpos.
Así que durante miles de millones de años la
Luna había limpiado el cielo de la Tierra y la
había protegido de grandes impactos meteóricos;
gracias a eso había sido un lugar adecuado para el
desarrollo de civilizaciones y ecosistemas
complejos.
Todas las rocas que formaban el Cielo Blanco
habían compartido la órbita de la Luna y, por
ahora, la mayoría de ellas permanecían a una
distancia segura de unos cuatrocientos mil
kilómetros. Sus órbitas eran de baja excentricidad,
es decir, casi circulares. Sin embargo, el enorme
número de interacciones caóticas en el Cielo
Blanco había provocado una gran diversidad de
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