Page 694 - Seveneves -Neal Stephenson
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con el material que quemaban los motores de
coches y aeroplanos. No se trataba de una mala
analogía, pero sí incompleta. Además de
combustible, la mayor parte de los motores de
cohete precisaban de algún tipo de sustancia
química rica en oxígeno (en el caso ideal, oxígeno
puro) con el que quemar. En los coches y los
aviones era el aire, sin más, pero Los cohetes
almacenaban el oxidante en un lugar distinto al
combustible hasta que era necesario. El término
que agrupaba las dos sustancias era propelente, y
su peso y su volumen combinados determinaban
el diseño de un vehículo espacial; eso no ocurría
con los coches, cuyo tanque de combustible era
pequeño en relación con su tamaño total.
Una parámetro muy útil para definir esa
situación era la relación de masas, que se
calculaba dividiendo el peso del vehículo al
principio, con el propelente, por su peso al final,
con los depósitos ya vacíos. Si conocías la calidad
de los motores y qué delta‐uve te hacía falta,
entonces la relación de masas se podía calcular
empleando una fórmula sencilla bautizada con el
nombre del científico ruso Tsiolkovski, que era
quien la había deducido. Se trataba de una
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