Page 789 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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crecían por entre las aberturas de las calles. Setos


               estrechos  de  arbustos  de  arándanos  y


               zarzamoras crecían en los desagües de lluvia de


               las casas, y viejos y enormes coches, inclinados


               sobre  ruedas  deshinchadas  y  rotas,  se  habían


               convertido en soportes para los don diego de


               día y otras plantas trepadoras. También pasaron


               por un viejo campamento minero que había sido


               abandonado mucho antes. En su mayor parte,


               los  signos  de  ocupación  moderna  eran


               relativamente  sutiles.  Las  casas  tenían  allí  el


               estilo sin pretensiones que era del gusto de los


               khans del software de cerca de Seattle y, de vez


               en  cuando,  cierto  número  de  ellas  se  reunían


               alrededor de una plaza central con salones de


               juego,  cafés,  tiendas  y  otras  amenidades.  Él  y


               Piona se detuvieron en uno de esos lugares para


               intercambiar umus por café, bocadillos y rollos


               de canela.





                  Los  senderos  sin  señalar  y  entrecruzados


              hubiesen sido confusos para cualquiera que no


              fuese  un  nativo.  Hackworth  había  estado  allí


              antes.  Había  obtenido  las  coordenadas  de  la


              segunda galleta de la fortuna en la guantera de


              Secuestrador,  que  era  mucho  menos  críptica


              que la primera que había leído. No tenía forma


                                                                                                     789
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