Page 829 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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cilindros de gas comprimido, también pintados


               para  la  ocasión  de  festivo  rojo.  En  esas


               circunstancias, no dudó ni por un momento que


               los hombres fuesen Puños y el gas hidrógeno o


               algo  que  ardiese  igual  de  bien.  Pero  antes  de


               llegar  al  puente,  los  cilindros  habían  sido


               alcanzados  y  detonados  por  algo  demasiado


               pequeño y rápido para que Nell pudiese verlo


               desde su punto alto. La barcaza se convirtió en


               silencio en un carbúnculo de llamas amarillas


               que ocuparon la mitad del ancho del Huangpu,


               y  aunque  la  ventana  de  diamante  filtraba  y


               quitaba  el  calor  a  la  luz,  Nell  pudo  poner  la


               mano  en  el  cristal  y  sentir  todo  el  calor


               absorbido, no mucho más caliente que la piel


               de una persona. Toda la operación había sido


               conmovedoramente desesperada, en una época


               en que una batería del tamaño de una mano po‐


               día contener tanta energía como todos aquellos


               cilindros de gas. Tenía un aire antiguo de siglo


               veinte e hizo que Nell se sintiese nostálgica de


               los días en que el peligro era una función de la


               masa y el volumen. Los pasivos de la época eran


               divertidos de ver, con sus grandes y estúpidos


               coches, grandes y estúpidas pistolas, y grandes


               y estúpidas personas.





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