Page 939 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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reino, toda Tierra Más Allá— no sería más que
una vasta máquina de Turing. Y como había
establecido cuando había estado encerrada en el
calabozo del Castillo Turing, comunicándose
con el misterioso duque enviando mensajes en
una cadena, una máquina de Turing, no
importa lo compleja que sea, no era humana.
No tenía alma. No podía hacer lo que un
humano.
La decimotercera cinta entró en el altar, y la
maquinaria comenzó Q gemir, a silbar y luego a
temblar. Los imágenes que aparecían en el esce‐
nario se hicieron más salvajes y exóticas que
cualquiera de la anteriores, y observando las
caras del sacerdote y los acólitos, la Princesa Nell
veía que incluso ellos estaban sorprendidos;
nunca habían visto nada como aquello. Al pasar
los minutos, las imágenes se hicieron
fragmentarias y extrañas, meras encarnaciones
de ideas matemáticas, y finalmente el escenario
se puso oscuro por completo exceptuando un
chispazo de color al azar. El Mago producía tal
zumbido que todos se sentían atrapados en las
entrañas de una poderosa máquina que podía
destrozarlos en un momento. El paje
finalmente escapó y corrió por el pasillo. En
unos minutos, los acólitos, uno a uno, hicieron
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