Page 954 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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advertencia. Uno de ellos se negó a soltarla hasta
que el olor a carne quemada salió de su palma,
y luego abrió la mano con lentitud y calma,
mirando a Hackworth para demostrar que no le
importaba sufrir un poco de dolor, y dijo algo
con claridad y en voz alta que hizo que
corriesen risas disimuladas por la multitud.
El camino por Nanjing Road le llevó al
corazón del distrito comercial de Shanghai,
ahora un interminable suplicio de mendigos mo‐
renos arrastrándose agarrados a las bolsas de
plástico de vivos colores que les servían de
maletas, pasándose cuidadosamente las colillas
de unos a otros. En los escaparates de las tiendas
por encima de sus cabezas, los maniquíes
animados posaban con la última moda de la
República Costera. Hackworth notó que lo que
llevaban era más conservador que diez años
atrás, durante su último viaje por Nanjing
Road. Los maniquíes femeninos ya no llevaban
faldas abiertas. Muchos ni siquiera llevaban
faldas, sino pantalones de seda o largas túnicas
que enseñaban aún menos. Un escaparate
estaba centrado en una figura patriarcal
reclinada sobre un estrado, llevando una gorra
con un botón azul: un mandarín. Un joven
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