Page 955 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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estudioso hacía una reverencia ante él.
Alrededor del estrado, cuatro grupos de
maniquíes demostraban las otras cuatro
relaciones filiales.
Así que ahora estaba de moda ser confuciano,
o al menos era políticamente. Aquéllos eran
unos de los pocos escaparates que no estaban
cubiertos por carteles rojos de los Puños.
Hackworth pasó cerca de villas de mármol
construidas por judíos iraquíes en el siglo
anterior, por el hotel en que Nixon se había
quedado una vez, al lado de los altos enclaves
de los hombres de negocios occidentales que
habían usado como cabezas de playa en el
desarrollo post‐comunista que había llevado a la
escuálida afluencia de la República Costera.
Pasó cerca de clubes nocturnos del tamaño de
estadios; canchas de jai alai donde aturdidos
refugiados se quedaban boquiabiertos ante los
empujones de los apostantes; calles laterales
llenas de boutiques, una calle para las prendas
hechas de cocodrilo, otra para pieles, otra para
cueros; un distrito de nanotecnología que
consistía en pequeños negocios que hacían
trabajos a medida; puestos de frutas y vegetales;
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