Page 957 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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ramificaban  en  los  tejidos  del  cerebro.  La


              planicie  se  veía  interrumpida  frecuentemente


              por pequeños túmulos que contenían el ataúd


              del          antepasado                  de         alguien,             justo           lo


              suficientemente alto para quedar por encima de


              las inundaciones rutinarias. Más al oeste de los


              arrozales se elevaban altas colinas, negras por la


              vegetación. El punto de control de la República


              Costera en la intersección de las carreteras era


              gris  y  deshilachado,  un  montón  en  forma  de


              casa hecha de pan de molde, tan densa era la red


              fractal de defensa, y mirando a través de la nube


              de macro y micro aeróstatos, Hackworth apenas


              podía distinguir a los hoplitas en el centro, las


              olas de calor elevándose de los radiadores a sus


              espaldas  y  revolviendo  la  sopa  volante.  Le


              dejaron  pasar  sin  problemas.  Hackworth


              esperaba encontrarse más puntos de control al


              continuar hacia el territorio de los Puños, pero


              el primero fue el último; la República Costera


              no tenía fuerzas para la defensa en profundidad


              y         sólo           podía             establecer                una           línea


              unidimensional de puestos.





                  A  poco  más  de  un  kilómetro  del  punto  de


              control,             en         otra         pequeña                intersección,


              Hackworth  encontró  un  par  de  cruces


                                                                                                     957
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