Page 959 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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no  miró  ni  a  izquierda  ni  a  derecha,  no  pudo


              estimar  realmente  su  tamaño;  habían  tomado


              una villa de edificios bajos de ladrillo y estuco.


              Una  larga  mancha  sobre  la  tierra  marcaba  la


              localización de la línea de Toma quemada, y al


              cruzarla, Hackworth tuvo la fantasía de que se


              trataba  de  un  meridiano  grabado  por  un


              cartógrafo  astral  sobre  el  mundo  vivo.  La


              mayoría  de  los  Puños  no  tenía  camisa,  vestía


              pantalones índigo y bandas escarlata alrededor


              de la cintura, y a veces del cuello, frente o brazos.


              Los  que  no  dormían  o  fumaban  practicaban


              artes  marciales.  Hackworth  atravesó  la  zona


              lentamente y pretendía no verlos, exceptuando


              a un hombre que salió corriendo de una casa con


              un cuchillo, gritando «¡Sha! ¡Sha!» y tuvo que ser


              retenido por tres de sus compañeros.





                 Mientras  recorría  los  cuarenta  kilómetros  a


              Suzhou, nada cambió en el paisaje excepto que


              los arroyos se convinieron en ríos y los estanques


              en  lagos.  Los  campamentos  de  los  Puños  se


              hicieron mayores y estaban más cerca. Cuando


              el denso aire se convertía infrecuentemente en


              una brisa, podía oler el olor metálico y pegajoso


              de las aguas estancadas y sabía que se acercaba






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