Page 999 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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se fueron a dormir a los camastros
inmediatamente.
En cierta forma, Nell deseaba que hicieran lo
que tuviesen que hacer y que acabasen rápido.
Pero no pasó nada durante mucho tiempo.
Cuando llegaron los Puños, las chicas los
llevaron a ver a Nell, a quien habían metido
bajo una cama y que ahora yacía sobre un
charco de su propia orina. El líder le apuntó
una luz a la cara y luego se volvió sin expresar
el más mínimo interés. Parecía que una vez que
había comprobado que las chicas habían hecho
su parte de la revolución, Nell dejaba de tener
importancia.
Supuso que era inevitable que, en su
momento, aquellos hombres se tomasen con
ella libertades que siempre habían sido
consideradas como botín de guerra por los
soldados irregulares, esos que delibera‐
damente se habían apartado de la influencia
feminizadora de la sociedad civilizada. Para
que eso fuese menos atractivo, adoptó la
medida desesperada de permitir que su
persona quedase manchada por los productos
de sus procesos internos naturales. Pero la
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