Page 382 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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                  Las  patatas,  las  salchichas,  los  huevos,  los

           pepinillos  y  la  mayonesa,  por  sí  mismos,  no  son  más


           que alimentos. Pero, combinados, se transforman en el

           máximo exponente de la alquimia de la vida cotidiana.


           El  todo  es  más  que  la  suma  de  sus  partes.  Para  los

           hombres  y  mujeres  del  período  postsoviético,  esta

           combinación,  la  ensaladilla  Olivier,  no  es  una  simple


           ensaladilla, sino un objeto de culto, con una cadena de

           asociaciones más larga que el muro del Kremlin. Y esa

           noche  había  que  agregar  al  tradicional  champán,  una


           lata de caviar rojo y unas pocas mandarinas para hacer

           de  ancla  y  retener  en  el  puerto  de  la  realidad  a  mi

           carabela azotada por las tempestades. La cruzada había


           finalizado. Volvía a casa.


                  Quería sentirme de nuevo un ciudadano normal y

           fatigarme  alegremente  con  los  preparativos  para  la


           Nochevieja.  Pensaba  hacerlo  como  si  las  últimas

           semanas  de  mi  vida  no  hubieran  existido;  no  habría


           otra  preocupación que  la  de  tener  a punto  los  regalos

           para todos mis amigos. No padecería por el inevitable

           Apocalipsis que se abatía sobre nosotros. Me alegraría


           tan  sólo  por  las  magníficas  celebraciones,  y  no  por

           haber  escapado  nuevamente  de  mis  enemigos.  Estaría




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