Page 397 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
P. 397
D Dm mi it tr ry y G Gl lu uk kh ho ov vs sk ky y S Su um me er rk ki i ( (C Cr re ep pú ús sc cu ul lo o) )
eso mismo también padece fiebre Su creación.
Dios muere y con Él se muere todo lo que Él hizo
existir. Pero aún no es demasiado tarde...
Un anuncio por megafonía me impidió oír las
últimas palabras. En ese instante, una mujer mayor que
se sentaba junto al niño y miraba distraída al vacío
pareció volver en sí. Lo agarró por la mano y le dijo en
tono severo:
—¡Pórtate bien, Alyosha! —Y, muy resuelta, lo
llevó hasta la puerta.
El niño no se resistió, pero, como si hubiera sabido
que yo lo seguía con la mirada, volvió la cabeza cuando
se encontraba junto a la puerta, me echó una rápida
mirada y asintió con la cabeza una vez más...
seguramente para confirmar que lo que acababa de ver
y oír no habían sido imaginaciones mías, sino pura
realidad.
No me atreví a seguirle. Me quedé donde estaba,
confuso, pegado al asiento. Cerré los ojos y aspiré el
aire sucio y viciado del vagón. Con la misma cobardía y
la misma esperanza de cobarde con la que el Poncio
Pilatos de Bulgakov había deseado un vaso de veneno,
yo deseé una dosis de Phenazepam. La tentación de
perderme en mis sueños y olvidarlo todo era tan
grande que, mientras volvía de camino a casa, me
Página 397

