Page 462 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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de ellos la luz y el sonido? Tal vez el espejo se hubiera
transformado en una especie de membrana por la que
habría podido tenderle una mano al infortunado
español, si no me hubiera asustado y no me hubiese
dejado arrastrar de nuevo a la realidad por la llamada
nocturna de Nabatchikov.
¡Qué ironía que precisamente yo, que había perdido
toda esperanza de salvar a mi conquistador español,
que no había comprendido bien el significado y el
sentido de ese encuentro imposible, le hubiese
inspirado esperanza, y que él hubiera tomado por un
signo de lo Alto mi rostro desfigurado por la angustia!
Ese signo —no ceder en la lucha, no retroceder a medio
camino— no era sólo para él, sino, sobre todo, para mí.
Pero yo lo había tomado por una travesura del demonio
y había ocultado el espejo bajo una sábana para que no
pudiera volverme loco. ¡Fracasado! ¡Idiota!
Con todo, parecía que el conquistador español
quisiera contarme hasta el final la historia de su
maravillosa liberación...
Que, al cabo de cuatro días y cuatro noches, oí de pronto
voces humanas, pero, sin fuerzas y casi inconsciente, no fui
capaz de levantarme y llamarlos.
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