Page 522 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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indescriptible, incluido yo mismo y toda la gente que
conozco, existe tan sólo dentro de su cráneo? —Traté de
hablarle en tono irónico, pero, en el momento decisivo,
mi voz de quebró, y me salió un chillido de histeria.
—Pues parece que sí cabe en el suyo —me
respondió con voz viperina.
—Bueno, está bien, aceptemos por un momento que
tiene usted razón. Para que se vea bien claro cuán
ridícula es su teoría. ¿Cómo me va a demostrar que este
mundo es solamente un producto de su imaginación?
—Si ése fuera el caso, no habría tanta confusión.
Pero, por desgracia, me he metido en los sótanos del
inconsciente. ¿No creerá usted que me presento en serio
como Itzamná y que por eso he escrito la palabra
«Dios» en la puerta? Me reconocerá usted que eso no
sería nada discreto...
—¡Hágame el favor de responder a la pregunta!
—Bueno, está bien. Ah, a propósito: ¿Fuma usted?
¿No? De todas maneras, ¿le importa que salgamos a
fumar un momento? —Se ajustó el cinturón del
albornoz y me indicó que saliéramos al pasillo—. En
realidad, no me lo permiten, pero cuento con que no se
lo diga a nadie...
Encendió una cerilla. Con evidente placer, le dio
una calada a un cigarrillo barato y me lanzó una mirada
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