Page 544 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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oportunidad de darle la vuelta a todo esto, de salvarme,
a cualquier precio... y no la encuentro. Ando a ciegas en
busca de la salida, pero una y otra vez me estrello
contra las alambradas... Respóndame usted: ¿Dónde
está la salida? ¿Qué puedo esperar?
Así pues, me correspondía a mí hacer el papel de
oráculo, un oráculo cuyo definitivo juicio no admitiría
apelación. El papel de un traductor que ayudaría a
comunicarle a la razón de un desahuciado un mensaje
de ilimitada importancia.
Mientras yo callaba y ponía orden en mis
pensamientos, el viejo abrió con manos temblorosas el
paquete de cigarrillos, empezó de nuevo a fumar y,
poco a poco, se calmó. Entretanto, me esforcé por
recordar los últimos capítulos que había traducido y
cobré conciencia de que no tendría medios para darle lo
que él anhelaba: consuelo y esperanza.
Levantó la cara y me di cuenta de que no podría
mentirle. Era uno de esos hombres que cuando van al
paredón renuncian a la venda para poder mirar a los
ojos al pelotón de fusilamiento. Entonces pensé que el
corto albornoz que llevaba sobre el pijama de hospital
tenía algo en común con una chaqueta militar que un
general se hubiera puesto con descuido sobre el
uniforme reglamentario.
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