Page 548 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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regiones de su conciencia agonizante... de su infierno,
en definitiva? ¿Porque era el último destello de
inteligencia en el mundo interior de aquel hombre, un
mundo interior que se desintegraba?
La terrible enfermedad se había apoderado de
Knorozov con excesiva rapidez. La enloquecida y
desbocada hambre de vida que, a pesar de sus muchos
años, bullía en el pecho del viejo le impedía aceptar el
lúgubre pronóstico de los médicos, y no le quedaba
tiempo para reconciliarse consigo mismo... Tan sólo
buscaba con febril afán algo que por lo menos le diera
una chispa de esperanza...
Pero los médicos, preocupados, le habían puesto
una camisa de fuerza al rebelde, por miedo a que se
hiciera daño a sí mismo, y lo habían sumergido en altas
dosis de narcóticos. Le habían mentido: le prometieron
que la operación lo salvaría, aun cuando supieran muy
bien que ya era demasiado tarde. El viejo, traicionado y
encadenado, se hundía cada vez más en el torbellino de
sus sueños, y éstos se alimentaban de los antiguos mitos
de los mayas, en los que el hombre se había refugiado
durante los últimos años para esconderse de una
realidad cada vez más fría y extraña.
Pero, en vez de frenar el flujo de sus pensamientos,
los sedantes no habían hecho otra cosa que desviarlo y
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