Page 553 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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¿Cómo podía convencerle de que el dolor dejaría de ser
tan fuerte tan pronto como dejase de negarlo?
—El manuscrito dice que el mundo es finito y que
el hombre es mortal. En el mismo instante en el que
vemos por primera vez la luz del mundo quedamos
consagrados a la muerte. Aunque usted haya dedicado
su vida entera a la investigación de los mayas, no ha
llegado a comprender lo más importante de su
sabiduría. Porque ese pueblo, al pensar siempre en la
muerte, llegaba a acallar su propio miedo. Nosotros, en
cambio, la negamos, inventamos medicamentos, dietas
y gimnasias para prolongar nuestra existencia un día
más, como si ese día que hemos ganado con tantos
esfuerzos lo fuéramos a vivir de una manera distinta,
como si no tuviera que ser tan patético y absurdo como
todos los demás. Pero, cuando nos consolamos con
ilusiones de inmortalidad, tan sólo conseguimos
empeorar el dolor y el miedo en el momento en que
llega ese día, porque se nos hace todavía más evidente
que el final es inevitable. Todos los mayas sabían que
iban a morir, y que desaparecería incluso el mundo
entero. Estaba predestinado. Estaba escrito en sus
profecías, en todas las células del cuerpo humano, y en
los más pequeños entre los ladrillos que forman parte
del edificio del mundo. ¿Acaso tiene tanta importancia
la hora exacta de nuestra muerte? Sí, hay que hacer
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