Page 552 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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No reaccionó. Inquieto, levanté la vista: ¿Había
oído lo que le había dicho?
Itzamná estaba frente a mí, con cara amenazadora y
los brazos cruzados sobre el pecho. Sus dientes se
clavaban en sus labios pálidos y negaba
obstinadamente con su cabeza encanecida. Sí, por
supuesto, no podía prometerle la salvación. Pero, al leer
de nuevo la crónica, me fijé una y otra vez en las
palabras de la profecía maya. Tuve que pensar de
nuevo en ello, y poco a poco llegué a comprender que
su imaginación no me había creado en vano. Sí podía
ayudarle.
—Acéptelo. Acéptelo de una vez.
¿No me había dicho él mismo que los espasmos que
habían sacudido la Tierra durante las últimas semanas
no reproducían solamente ni en primera instancia el
dolor de su cuerpo, sino el trastorno que vivían su
inteligencia y sus sentimientos?
Si de verdad yo no era más que un destello
momentáneo entre las neuronas de su cerebro, no
podría, tampoco, curarle la enfermedad que lentamente
lo mataba, ni apaciguar los dolores que torturaban su
cuerpo. Sólo podía hacer una cosa: darle reposo a su
alma. La inútil lucha lo había endurecido, pero no
quería renunciar a la creencia en una posible salvación.
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