Page 550 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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saber prohibido. Todos ellos habían tenido que padecer
el castigo por su curiosidad... pero yo, como una vaca
sagrada a la que nadie puede molestar, no había sufrido
ningún daño. Se me había concedido penetrar en los
secretos más íntimos para que apartase el velo celestial
y hablara con los dioses.
Y, por ello, Knorozov‐Itzamná estaba sentado
frente a mí y escuchaba con paciencia las últimas
palabras de los últimos capítulos de su diario. Había
conseguido lo que quería. A mí se me había revelado
todo: podía comunicarle la vedad de la que estaba
sediento, por muy terrible que ésta fuera...
Y el fin del mundo será anunciado por la larga
enfermedad de este dios, en consonancia con la cual el mundo
también empezará a padecer fiebres.
Y cuando sus ojos se cierren por última vez, el mundo se
hundirá en eternas tinieblas.
Y cuando esté moribundo, el mundo entero sufrirá
espantosos terremotos y las montañas se vendrán abajo y las
espumas de los mares se desbordarán.
Y entonces llegará el fin.
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