Page 554 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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acopio de valor para decirlo. A los mayas les instilaban
ese valor desde sus primeros años, y no creo que les
resultara fácil desprenderse de sus instintos. Pero, a
cambio, se ganaban el derecho de vivir en paz y morir
con dignidad. Como seres humanos, no como animales.
Aguardé, dispuesto a escucharle, pero Itzamná no
se dignó a decirme ni una palabra. Me miró con odio y
desdén, y negó una vez más con la cabeza. El aire que
circundaba al viejo se cargó de tal manera que,
súbitamente, me empujó hacia atrás. Ocurrió lo que
tanto había temido: mi interpretación de la profecía no
le había gustado, y mi intento de reconciliarle con su
futuro había fracasado miserablemente. Él había
contado con que llegaría un gran mago, quizá el
Mesías, pero, en cambio, había llamado a su puerta un
aliado del mal, un Judas que hablaba con la misma voz
que los impotentes médicos.
¿Qué destino me otorgaría, después de que le
hubiese anunciado el suyo? ¿Me reduciría a cenizas con
la mirada? ¿Se arrojarían sobre mí todos los demonios
sedientos de sangre que moraban en sus pesadillas y
me descuartizarían? Había perdido la gracia, y eso
significaba que no podría escapar del inminente
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