Page 563 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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escuela, pruebas de matriculación que pasamos,
triunfos eróticos, bodas y partos, ascensos que
aguardamos durante varios años. También invaden las
zonas de carga en las que se pudrían las horas oscuras
de nuestra vida. Habría sido mejor aislarlas
herméticamente, pero en nuestro recuerdo se abren
fisuras que no se van a cerrar jamás.
Al llegar a la vejez, pertenecemos mucho más al
ayer que al hoy. La habitación de hospital con las
fotografías por la pared en la torre de marfil de
Knorozov‐Itzamná apenas si se diferenciaba de las
estancias en las que otros viejos solitarios pasan sus
últimos días.
A menudo, esas personas no aceptan las novedades
de la vida, hablan mal del presente, porque se mezcla
con las felices imágenes desvaídas de su pasado. Su
Titanic está a punto de tocar fondo, pero no quieren
abandonarlo. De pie tras el herrumbroso timón, miran,
tensos, hacia atrás, hacia la lejanía. Viven en el
recuerdo, su mundo está a punto de entrar
definitivamente en la dimensión de los espíritus y las
ilusiones, donde viven sus padres, donde la presencia
de éstos aún es perceptible, donde la mano del abuelo
les acaricia suavemente la mejilla, y donde todavía oyen
el ladrido juguetón de su querido perro que pide que le
arrojen un palo para que el juego sencillo y alegre no
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