Page 564 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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termine jamás.
Cuando las olas del olvido alcanzan el puente del
capitán y nos bañan los tobillos, no nos queda más que
saludar por última vez con dignidad y cerrar los ojos en
silencio. Porque estamos a punto de llegar a la frontera
que marcará el final de la infancia de nuestros nietos y
el inicio de la vejez para nuestros hijos.
No sabría decir muy bien cuánto tiempo duró mi
audiencia con Dios. No había llevado ningún reloj. A
juzgar por el cielo oscuro, iluminado tan sólo por la
escasa luz que lograba atravesar el pálido revoltijo de
nubes, había anochecido, y quizá estuviera avanzada la
noche. Sin embargo, las personas que iban por la calle
eran extrañamente numerosas. Trabajadores y equipos
de salvamento buscaban entre los escombros, y en las
tiendas que se habían plantado por las calles agrietadas
reinaba un ajetreo malsano y febril. Las gentes de la
ciudad no parecían querer dormir por miedo a cerrar
los ojos y no poder abrirlos de nuevo. Este miedo era
disculpable, porque no tenían ni idea de lo que yo sí
sabía, y después de la conversación con Itzamná no
sentía ningún deseo de anunciarles el cercano e
inevitable final.
¿Cómo puede uno pasar las pocas horas que le
quedan? ¿Qué se puede hacer cuando uno sabe que no
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