Page 185 - Un Mundo Devastado - Brian W Aldiss
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Alzó una ceja, y dijo casi con ansiedad:
—Justine...
—Sí. Justine, ¡su amante!
Su rostro parecía más macilento de lo que yo
recordaba. En ese momento no sólo parecía más
viejo, sino también, enfermo. Profundas arrugas
corrían desde su nariz a la mandíbula. Y las arrugas
se acentuaron cuando dijo:
—Por cierto que estoy dispuesto a creer que
usted sabe muy poco sobre mi organización, si eso
es lo que cree. Justine no es, en el sentido en que
usted lo piensa, mi amante; ni podría serlo. Es
virgen. Y en ese mismo sentido, también yo lo soy.
—No bromee —le dije, de mal humor.
—Supongo que usted lo encontrará cómico,
pues observo que pertenece a la plebe, pero estoy
hablando de un asunto de convicción personal; y
sobre esa convicción descansa la actual empresa, tan
peligrosa. ¡Justine!
Llamó, y Justine en persona apareció desde una
habitación lateral. Parecía tan hermosa y fría como
siempre. Noté por primera vez que sus pómulos
eran altos, con sombras bajo ellos, y me pregunté
con un sentimiento de amor, de qué nacionalidad o
mezcla de nacionalidades sería. Fue a colocarse al
lado de Mercator, que se había puesto de pie, sin
tocarlo.
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