Page 51 - Un Mundo Devastado - Brian W Aldiss
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CAPITULO TRES
El doctor Thunderpeck, Abdul Demone y yo
sacamos uno de los botes inflables y lo bajamos. No
había señales de Di Skumpsby, y nunca supimos
qué había sido de él. Debió haber caído por la borda
cuando encallamos.
Llevaba provisiones, apiladas a nuestro
alrededor en la pequeña balsa. El agua verde se
agitaba bajo nosotros como un gigante durmiendo.
Y yo seguía aún lleno de una especie de placer
enfermizo; pues toda la aventura era real, no una
ilusión. A lo que agregaba esta certeza: fuera lo que
fuera la realidad, era esto; no negaba que pudiese
haber una realidad mayor frente a la cual la vida
misma resultase un simulacro, algo que pareciese
una sombra a criaturas situadas más allá de nuestra
imaginación.
Al acercarnos a la playa tuve la sensación —y la
llamo sensación más que reflexión, pues la sentí de
un modo tan poderoso que mi piel se erizó— que
volvió a mí con frecuencia en la serie de crisis que
siguió a nuestra llegada a África: y vuelve ahora,
todavía con más fuerza. Pensé que todas las nuevas
experiencias eran bienvenidas menos por sí mismas
que porque me ofrecían una oportunidad de
profundizar en mí mismo.
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