Page 55 - Un Mundo Devastado - Brian W Aldiss
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claridad  los  gritos  de  los  guardias  la  primera

               noche.  Todo  en  mi  vida  se  sacudía  después  del

               tiempo  de  prisión  bajo  la  ciudad,  y  al  llegar  a


               aquella            mezcla            fangosa,             de        composición

               desconocida,  de  usos  ni  sospechados,  de  olor

               nunca sentido antes.


                      —  ¡Eh,  vosotros;  moveos  al  doble  de  prisa!

               ¡Pareced vivos si queréis seguir viviendo!

                      Cuando  marchábamos  obedeciendo  esos


               gritos,  mirábamos  atrás  al  gran  vehículo  sin

               ventanillas que nos había traído; lo odiábamos por


               habernos traído allí, semisofocados, y sin embargo

               ahora  sentíamos  nostalgia  de  su  seguridad

               protectora,  al  oír  que  sus  motores  volvían  a


               ponerse  en  marcha  y  ver  que  traspasaba  las

               puertas y se iba para siempre.


                      Extraños  cercados  —aunque  no  estaban  bien

               cercados—para impedir la entrada de los gases que

               salían  de  la  tierra.  Desnudarse  bajo  los  gritos:  la


               vieja pérdida de las ropas, ya sufrida antes; el olor

               de la desnudez. Y también mujeres en este lugar,

               que no mejoraban de aspecto al estar sin ropa. Un


               terrible  golpe  en  mi  tobillo,  gritos  para

               apresurarnos  a  hacer  un  bulto  con  las  ropas.

               Enfermo,  mareado  y  aún  así  tan  sorprendido,


               deseoso de ver, tímido para mirar. Después todos

               cayendo unos sobre otros, y el disgusto de tocar.


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