Page 241 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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había  encima  de  la  alacena  y  lo  dejó  sobre  mi


            escritorio.



              Cuando  todo  terminó,  permanecí  el  resto  de  la


            noche  paseando  de  un  lado  a  otro,  lívido  y


            estremecido,  el  cuerpo  empapado  en  sudor,


            tratando en vano de razonar para mis adentros. Me


            dije, y es bastante cierto, que en realidad no había


            presenciado nada sobrenatural, que un caracol que


            saca y mete sus cuernos era un ejemplo, en menor



            escala,  de  lo  que  había  visto;  y,  sin  embargo,  el


            horror venció todos estos razonamientos y me dejó


            quebrantado y detestándome a mí mismo por la


            parte que me correspondía en lo sucedido aquella


            noche.


              Poco más queda por decir. Ahora me dirijo hacia


            la  prueba  final  y  el  encuentro,  pues  he  decidido


            que allí nada faltará y podré ver cara a cara a la «



            Gente Pequeña» . El Sello Negro y el conocimiento


            de sus secretos me ayudarán, y si por desgracia no


            regreso de mi expedición, no es necesario evocar


            aquí  un  cuadro  completo  de  la  atrocidad  de  mi


            hado.



              Tras  detenerse  brevemente  al  final  de  la


            exposición  del  profesor  Gregg,  la  señorita  Lally


            prosiguió con su relato en las siguientes palabras:









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