Page 239 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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reveló ante mí en correcto inglés, y leí la clave de


            la  espantosa  transmutación  ocurrida  en  las



            montañas. Apenas escrita la última palabra, rompí


            con dedos temblorosos e inseguros el fragmento de


            papel  en  diminutos  pedazos,  los  vi  arder  y


            ennegrecerse en la chimenea y luego trituré lo que


            quedaba hasta reducirlo a polvo finísimo. No he


            vuelto  a  escribir  esas  palabras  desde  entonces;


            nunca  escribiré  las  frases  que  cuentan  cómo  un



            hombre  puede  ser  reducido  al  limo  del  cual


            procede y forzado a introducirse en el cuerpo de


            un reptil o una serpiente. Sólo quedaba una cosa


            por  hacer.  Sabía  la  verdad,  pero  deseaba


            comprobarla. Pasado algún tiempo pude alquilar


            una casa en los alrededores de las Colinas Grises,


            y  no  lejos  de  la  cabaña  donde  vivían  la  señora


            Cradock  y  su  hijo  Jervase.  No  es  necesario  que


            haga  una  relación  completa  y  detallada  de  los



            sucesos  aparentemente  inexplicables  ocurridos


            aquí,  donde  describo  esto.  Sabía  que  Jervase


            Cradock llevaba en sus venas una parte de sangre


            de la « Gente Pequeña» , y más tarde descubrí que


            se  había  encontrado  más  de  una  vez  con  sus


            parientes  en  lugares  solitarios  de  esta  desierta


            tierra. Cuando un día me llamaron al jardín y lo



            encontré en pleno ataque, hablando o siseando la


            horrible  jerga  del  Sello  Negro,  me  temo  que  la

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