Page 281 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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» Luego, por otra parte, subestimamos el mal.
Damos tan enorme importancia al « pecado» de
intromisión en nuestros bolsillos (y en nuestras
esposas) que hemos olvidado completamente la
atrocidad del auténtico pecado.
—¿Y qué es el pecado? —dijo Cotgrave.
—Creo que tendré que contestarle con otra
pregunta. ¿Qué sentiría usted, en serio, si su gato o
su perro comenzasen a hablarle y a discutir con
usted con acento humano? quedaría usted
anonadado por el pavor. Estoy seguro de ello. Y si
las rosas de su jardín le cantaran una canción
sobrenatural, se volvería usted loco. Y suponga
que los adoquines de la calle comenzaran a
hincharse y a crecer ante sus ojos, y que el guijarro
que usted observó por la noche hubiese echado
capullos de piedra por la mañana.
» Bien, estos ejemplos pueden darle alguna idea
acerca de lo que realmente es el pecado.
—Oigan —dijo el tercer hombre, hasta entonces
apacible—, ustedes dos parecen disfrutar con la
conversación. Pero yo me voy a casa. He perdido
el último tranvía y tendré que caminar.
Ambrose y Cotgrave parecieron sumergirse
todavía más profundamente en su conversación
cuando el otro contertulio partió en la brumosa
madrugada, a la pálida luz de los faroles.
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