Page 282 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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—Me  asombra  usted  —dijo  Cotgrave—.  Nunca


            pensé  en  eso.  Si  realmente  es  así,  todo  puede



            ponerse  patas  arriba.  Entonces,  la  esencia  del


            pecado es en realidad…


              —Tomar al asalto el cielo, me parece a mí —dijo


            Ambrose—. En mi opinión se trata simplemente de


            un intento de penetrar en otra esfera más elevada,


            de  un  modo  prohibido.  De  ahí  que  pueda


            comprenderse fácilmente el porqué de su rareza.



            Hay pocos, en efecto, que deseen penetrar en otras


            esferas,  ya  sean  más  elevadas  o  más  bajas,  por


            procedimientos  permitidos  o  prohibidos.  Los


            hombres, en general, están muy contentos con la


            vida tal como la encuentran. Por consiguiente, hay


            pocos  santos  y  todavía  menos  pecadores  (en


            sentido  estricto),  y  son  igualmente  raros  los


            hombres de genio, que a veces participan de ambas


            naturalezas. Sí, en general, es tal vez más difícil ser



            un gran pecador que un gran santo.


              —¿Quiere                  usted             decir           que           hay           algo


              profundamente antinatural en el pecado?


              —Exactamente. La santidad requiere un esfuerzo


            tan  grande,  o  casi  tan  grande;  pero  se  mueve


            dentro de unos límites que fueron naturales alguna



            vez; es un esfuerzo por recobrar el éxtasis previo a


            la caída. Sin embargo, el pecado es un esfuerzo por


            alcanzar el éxtasis y la sabiduría que pertenecen

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