Page 301 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
P. 301

haciéndose cada vez mayores; estuve tanto tiempo


            mirándolas  que  tuve  la  impresión  de  que  se



            movían y daban vueltas, como una inmensa rueda,


            y  que  yo  también  daba  vueltas  en  el  centro.  La


            cabeza me dio vueltas y me sentí aturdida, todo


            comenzó  a  tornarse  nebuloso  y  confuso,  vi


            pequeños destellos de luz azulada, y las piedras


            parecieron  saltar,  bailar  y  retorcerse  mientras


            giraban sin cesar. Me asusté de nuevo y grité en



            voz  alta;  luego  salté  de  la  piedra  donde  estaba


            sentada, y caí al suelo.


              Cuando me levanté, estaba tan contenta de que


            parecieran  haberse  quedado  inmóviles,  que  me


            senté en la cima del montículo, me deslicé hacia


            abajo, y de nuevo proseguí mi camino. Al andar


            bailaba  de  la  misma  forma  especial  en  que  lo


            hacían  las  rocas  cuando  me  dio  el  vértigo,  y  me


            puse tan contenta de poder hacerlo tan bien que



            seguí bailando y bailando, y canté sorprendentes


            canciones que me venían a la cabeza. Finalmente


            llegué al borde de aquella enorme colina llana: allí


            ya no había rocas y el camino atravesaba de nuevo


            una hondonada cubierta de maleza. Estaba en tan


            mal estado como el que tuve que seguir al subir,


            pero no me importó, de lo contenta que estaba por



            haber visto aquellas singulares danzas, y además


            ser capaz de imitarlas. Continué bajando a rastras

                                                                                                          300
   296   297   298   299   300   301   302   303   304   305   306