Page 31 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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A su debido tiempo, el señor R. fue a recibirla a la
estación más próxima, a unas siete millas de
distancia de su casa, y no pareció observar nada
raro en la niña, excepto que se mostraba reservada
en todo lo referente a su vida anterior y a su padre
adoptivo. La chica se distinguía, sin embargo, de
los habitantes del pueblo por su tez aceitunada, sus
facciones muy marcadas y su aspecto en cierto
modo extranjero. Pareció acomodarse fácilmente a
la vida en la granja y llegó a ser muy popular entre
los niños, los cuales iban a veces con ella al bosque,
pues esa era su distracción favorita. El señor R.
afirma que solía marcharse sola inmediatamente
después de desayunar y que no regresaba hasta el
anochecer, por lo que, preocupado de que una
chica tan joven pasara sola tantas horas, se lo
comunicó a su padre adoptivo, el cual contestó en
una breve nota que Helen podía hacer cuanto se le
antojase. En invierno, cuando los senderos del
bosque eran intransitables, pasaba la mayor parte
del tiempo en su dormitorio, donde dormía sola,
de acuerdo con las instrucciones de su pariente.
Fue en una de esas expediciones al bosque, poco
más o menos un año después de su llegada al
Pueblo, cuando ocurrió el primero de los
singulares incidentes relacionados con esta chica.
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