Page 328 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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cantaba,  y  las  serpientes  se  enroscaban  a  su


            alrededor  cada  vez  más  deprisa,  hasta  que  les



            decía que se fueran. Inmediatamente se iban todas


            de  vuelta  a  sus  agujeros,  y  sobre  el  pecho  de  la


            dama  quedaba  una  piedra  de  lo  más  curioso  y


            bello, en forma de huevo, de color azul oscuro y


            amarillo, rojo y verde, con marcas como escamas


            de serpiente.


              Se la consideraba una piedra mágica, y con ella



            podía  hacerse  toda  clase  de  prodigios;  la  niñera


            decía que su bisabuela había visto con sus propios


            ojos una piedra mágica y, en efecto, era brillante y


            escamosa como una serpiente. La dama sabía hacer


            también  otras  muchas  cosas,  pero  estaba


            firmemente determinada a no casarse.


              Había varios caballeros que querían casarse con


            ella, pero, sobre todo, cinco cuyos nombres eran sir



            Simon,  sir  John,  sir  Oliver,  sir  Richard  y  sir


            Rowland. Los demás creían que la dama decía la


            verdad y que elegiría a uno de ellos por marido al


            cabo de un año y un día; solamente sir Simon, que


            era muy astuto, pensaba que les estaba engañando


            y juró estar alerta y tratar de descubrir algo.


              Pese a ser muy sensato, era todavía muy joven y



            tenía un rostro lampiño y suave como una chica;


            fingió, como los demás, que no volvería al castillo


            en un año y un día, y anunció que se marchaba a

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