Page 329 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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países  extranjeros  allende  los  mares.  Pero,  en


            realidad, sólo se alejó un poco y regresó disfrazado



            de criada, consiguiendo un empleo en el castillo


            como fregaplatos. Esperó, observó, escuchó y calló;


            se ocultaba en lugares oscuros, y por la noche se


            mantenía en vela y espiaba, y oyó y vio cosas que


            le parecieron muy extrañas.


              Era tan astuto que le contó a la chica que servía a


            la dama que, en realidad, era un hombre y que se



            había vestido de mujer porque la amaba tanto que


            quería estar en la misma casa que ella; la chica se


            alegró tanto que le contó muchas cosas, y cada vez


            estaba más seguro de que lady Avelin les estaba


            engañando a él y a los demás.


              Y era tan listo, y contó tantas mentiras a la criada,


            que una noche se las arregló para esconderse en la


            habitación de lady Avelin, detrás de las cortinas.



            Permaneció  completamente  callado  e  inmóvil,  y,


            finalmente, llegó la dama. Se inclinó bajo la cama y


            levantó una piedra; debajo había un hoyo, del que


            sacó una figura de cera igual a la de arcilla que la


            niñera y yo habíamos hecho en la maleza. Sus ojos


            ardieron  todo  el  tiempo  como  rubíes.  Cogió  en


            brazos al muñeco de cera y lo oprimió contra su



            pecho,  y  le  murmuró  y  le  susurró  cosas,  y  lo


            levantó y lo puso de nuevo en el suelo, y lo sostuvo


            en alto y lo bajó, y lo puso otra vez en el suelo. Y

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