Page 323 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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Después nos sentamos bajo un arbusto; ardía en
deseos de saber lo que la niñera iba a hacer con la
arcilla, pero, antes de empezar, me hizo prometer
otra vez que no diría ni una palabra, y volvió a
atisbar entre los arbustos, aunque el camino era tan
estrecho y profundo que difícilmente podría haber
llegado alguien hasta allí.
De modo que nos sentamos y la niñera sacó la
arcilla del cubo y comenzó a amasarla con las
manos y a hacer cosas raras con ella, y a darle
vueltas. Luego la ocultó un momento bajo una hoja
de romaza, a continuación la volvió a sacar, y
después se levantó, se sentó, dio vueltas en torno
de una manera especial, y todo el tiempo estuvo
cantando en voz baja una especie de rima, mientras
su rostro enrojecía considerablemente. Luego se
sentó de nuevo, tomó la arcilla en sus manos y
comenzó a darle la forma de un muñeco, pero no
como los que tengo en casa; así que hizo con la
arcilla húmeda el muñeco más raro que he visto en
mi vida, y lo escondió debajo de un arbusto para
que se secara y endureciese, y mientras estuvo
haciendo esto no dejaba de cantar para sus
adentros aquellas rimas, y su rostro enrojecía cada
vez más. De modo que dejamos allí el muñeco,
oculto entre los arbustos, donde nadie lo pudiera
encontrar.
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