Page 325 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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raras con el hombrecillo de arcilla, y advertí que


            estaba  bañada  en  sudor  pese  a  haber  caminado



            muy despacio; entonces me dijo que « presentase


            mis respetos» , y yo hice todo lo que le vi hacer a


            ella, porque la quería y se trataba de un juego poco


            corriente. Me dijo que si alguien amaba bastante, el


            hombre de arcilla servía de mucho, con tal de hacer


            ciertas  cosas  con  él;  y  si  alguien  odiaba  mucho,


            aquél era igualmente útil, sólo que había que hacer



            cosas  distintas.  Jugamos  con  él  mucho  rato  e


            imaginamos toda suerte de cosas.


              La  niñera  me  dijo  que  su  bisabuela  le  había


            contado todo lo referente a esas figuras, y que no


            existía  mal  alguno  en  lo  que  habíamos  hecho,


            solamente  era  un  juego.  Sin  embargo,  me  contó


            una historia acerca de estas figuras, que me asustó


            mucho, la cual recordé aquella noche en que estuve


            tumbada despierta en mi dormitorio, en medio de



            la oscuridad, pensando en lo que había visto en el


            bosque secreto.


              Según la niñera, hubo una vez una joven dama de


            elevada alcurnia que vivía en un gran castillo. Era


            tan bella que todos los caballeros querían casarse


            con  ella,  ya  que  se  trataba  de  la  más  adorable



            criatura jamás vista, y era muy amable con todo el


            mundo, por lo que todos pensaban que era muy


            buena.  Pero,  aunque  fue  muy  cortés  con  los

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