Page 324 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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Unos días después volvimos al mismo lugar y, al
llegar a esa parte angosta y oscura de la senda
donde la maleza descendía hasta la loma, la niñera
me hizo prometer todo de nuevo, miró en torno
como hizo la otra vez, y nos arrastramos por entre
los arbustos hasta llegar al matorral donde estaba
escondido el hombrecillo de arcilla.
Lo recuerdo todo muy bien, aunque no tenía más
de ocho años, y desde hace otros ocho estoy
poniéndolo todo por escrito; el cielo era de color
azul violáceo oscuro, y, en medio del matorral en
donde estábamos sentadas, había un enorme y
viejo árbol cubierto de flores, y, al otro lado, un
macizo de ulmarias; cuando pienso en aquel día, el
perfume de las ulmarias y de las flores del árbol
parece llenar mi habitación, y si cierro los ojos
puedo ver el resplandeciente cielo surcado de
nubecitas muy blancas, y a la niñera, que hace
mucho tiempo se marchó de casa, sentada frente a
mí, con su gran parecido a la hermosa dama blanca
del bosque.
De modo que nos sentamos, y la niñera sacó el
muñeco de arcilla del lugar secreto donde lo había
escondido, y dijo que teníamos que « presentarle
nuestros respetos» y que ella me mostraría lo que
tenía que hacer, para lo cual debía observarla
constantemente. Así que hizo toda clase de cosas
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