Page 334 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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chal  de  mi  madre,  que  me  había  llevado  a


            propósito. El cielo estaba gris, como el día anterior,



            pero  había  una  especie  de  resplandor  blanco,  y


            desde donde yo estaba sentada, podía contemplar


            allá abajo todo el pueblo, tan inmóvil, silencioso y


            blanco como un cuadro.


              Recordé que fue en esa colina donde la niñera me


            enseñó a jugar un antiguo juego llamado « ciudad


            de  Troya»  ,  en  el  que  una  tenía  que  bailar,



            enroscarse y retorcerse sobre un dibujo trazado en


            la hierba, y luego, cuando ya había bailado y dado


            suficientes  vueltas,  la  otra  persona  te  hacía


            preguntas  que  no  podías  evitar  el  contestar,


            quisieras o no, y tenías la impresión de que debías


            hacer cualquier cosa que ella te ordenara.


              La  niñera  decía  que  solía  haber  muchos  juegos


            como  ése,  y  que  algunas  personas  los  conocían.



            Había uno mediante el cual podías convertir a la


            gente  en  lo  que  quisieras,  y  un  anciano  que  su


            bisabuela había conocido sabía de una chica que se


            había convertido en una voluminosa serpiente.


              Existía  otro  juego  muy  antiguo  consistente  en


            bailar,  retorcerse  y  dar  vueltas,  mediante  el  cual


            podías  sacar  a  una  persona  de  su  propio  ser  y



            retenerla en tu poder todo el tiempo que quisieras,


            mientras                su          cuerpo              seguía             paseándose


            completamente vacío y sin sentido alguno.

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