Page 337 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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cosas asombrosas, y a veces me despertaba de
madrugada gritando con los brazos extendidos.
También me asustaba porque, de ser cierta la
historia, existían evidentes peligros, y podía
sucederme algo espantoso, a menos que tuviera
mucho cuidado.
Aquellos viejos cuentos no se me iban de la cabeza
ni de noche ni de día, constantemente volvía sobre
ellos y me los contaba a mí misma una y otra vez,
mientras paseaba por los mismos lugares en donde
la niñera me los había contado; y cuando me
sentaba en la habitación de los niños junto al fuego,
solía imaginarme que la niñera estaba sentada en
la otra silla, contándome en voz baja alguna
maravillosa historia por miedo a que alguien la
oyera. Pero ella prefería contarme esas cosas
cuando estábamos en el campo, lejos de casa,
porque, según ella, eran grandes secretos y las
paredes oyen.
Y si se trataba de algo mucho más secreto,
teníamos que ocultarnos en matorrales o bosques;
solía pensar que era muy divertido arrastrarse a lo
largo de un seto en silencio, y, de pronto, meterse
entre los arbustos o correr hacia el bosque, estando
seguras de que nadie nos veía. De modo que
sabíamos que nuestros secretos eran solamente
nuestros, y que nadie más sabía nada de ellos.
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