Page 338 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
P. 338
De vez en cuando, después de habernos
escondido según acabo de describir, acostumbraba
a enseñarme toda clase de cosas raras.
Un día, recuerdo que estábamos escondidas en un
matorral de avellano que domina el arroyo, y hacía
tanto calor como si fuese abril; el sol abrasaba y las
hojas empezaban a brotar. La niñera dijo que me
enseñaría algo divertido que me haría reír, y
entonces me mostró —ésas fueron sus palabras—
cómo poner patas arriba toda una casa sin que
nadie se dé cuenta, haciendo saltar ollas y
cacerolas, rompiendo la porcelana, y provocando
que las sillas caigan unas encima de las otras.
Lo intenté un día en la cocina, y comprobé que
podía hacerlo bastante bien: una fila entera de
platos cayó del aparador, y la pequeña mesa
auxiliar de la cocinera se volvió « delante de sus
ojos» , según dijo, asustándose tanto y poniéndose
tan blanca que no lo volví a hacer, pues la
estimaba.
Más tarde, en el bosquecillo de avellanos, donde
me había enseñado a hacer
que las cosas se caigan, me explicó la manera de
provocar ruido como de golpes, y aprendí también
a hacerlo. Después me enseñó rimas que recitar en
determinadas ocasiones, extraños signos para
ejecutar en otras circunstancias, y otras cosas que
337

