Page 364 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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—¿Qué le parece? —dijo Mandeville, mientras
Last le devolvía la carta de la señorita Pilliner.
Last vaciló por un momento. Existe una atracción
y también una repulsión en lo poco corriente e
improbable, y Last dudaba que el trabajo docente
obtenido en el Blacksʹ a través de un actor y una
dama de Islington —había visto el nombre al
comienzo de la carta— fuera sólido o conveniente.
Pero prevalecieron los pensamientos más
luminosos, y le aseguró a Mandeville que estaría
encantado de llegar al fondo del asunto,
agradeciéndole muy afectuosamente su interés. El
anciano asintió favorablemente, le devolvió la
carta para que tomara nota de la dirección de la
señorita Pilliner, y le sugirió una nota inmediata
solicitando una cita.
—Y ahora —dijo—, a pesar de las censurables
objeciones del Príncipe Taciturno, propongo beber
esta noche a su jocunda salud.
Y le deseó a Last la mejor suerte del mundo con
sincera amabilidad.
Dos días más tarde, la señorita Pilliner presentó
sus respetos al señor Joseph Last y le rogó que
hiciese el favor de visitarla tres días después, al
mediodía, si el día y la hora no son incompatibles
con su conveniencia. Entonces podrían aprovechar
la ocasión, prosiguió ella, para discutir cierta
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