Page 367 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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tiempo, se celebró el matrimonio. Recibí esta
información hace nueve años en una carta de
Arabella, fechada en Pekín, y mi parienta acabó
por decir que temía le fuera imposible facilitarme
una dirección para mi inmediata respuesta, ya
que el señor Marsh estaba a punto de ponerse en
camino para una misión sumamente urgente en
nombre de su empresa, que implicaba viajar
mucho y frecuentes cambios de domicilio. Sentí
mucho desasosiego a causa de Arabella, por lo
inestable que me parecía su forma de vida, y tan
poco hogareña. No obstante, un amigo mío que
trabaja en la City me aseguró que no había nada
raro en tales circunstancias, y que no debía
alarmarme por ello. Sin embargo, cuando pasaron
los años y no recibí más correspondencia de mi
prima, decidí que probablemente habría
contraído alguna enfermedad tropical que se la
habría llevado, y que el señor Marsh se habría
olvidado cruelmente de comunicarme la noticia
del triste suceso. Pero hace un mes más o menos
—la señorita Pilliner consultó un almanaque en la
mesa a su lado— quedé asombrada y encantada
al recibir una carta de Arabella. Escribía desde
uno de los más lujosos y selectos hoteles del West
End londinense, anunciándome la vuelta a su
tierra natal de ella y de su marido tras muchos
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