Page 369 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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La señorita Pilliner se acercó al cajón del escritorio


            que había junto a la ventana y sacó una carta.



              —Arabella fue siempre muy considerada. Dice: Sé


            que siempre has vivido muy discretamente y no


            estás  acostumbrada  a  la  agitación  del  elegante


            Londres. Pero no tienes por qué alarmarte. El hotel


            Billing no es ningún bullicioso caravasar moderno.


            Todo es muy tranquilo, y además tenemos nuestra


            propia « suite» . Herbert —su marido, señor Last—



            insiste rotundamente en que nos hagas una visita,


            y  no  debes  defraudarnos.  Si  te  conviene,  el


            próximo jueves, día 22, te enviaré un carruaje a las


            cuatro en punto que te traiga al hotel, y estarás de


            vuelta en Corunna Square después de compartir


            con nosotros un pequeño refrigerio.


              » Muy amable, de lo más considerado, ¿no está de


            acuerdo  conmigo,  señor  Last?  Pero  mire  la



            posdata.


              Last cogió la carta, de escritura apretada y pulcra,


            y  leyó:  P.S.  Tenemos  que  darte  una  maravillosa


            noticia.  Es  demasiado  buena  para  ponerla  por


            escrito,  así  es  que  la  reservaré  para  nuestra


            entrevista.


              Last  devolvió  la  carta  de  la  señora  Marsh.  El



            prolongado  y  ceremonioso  recibimiento  de  la


            señorita  Pilliner  le  estaba  sumiendo  en  un  dulce


            sopor; se preguntaba vagamente cuando iría ella al

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