Page 448 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
P. 448
de lo que, de manera conveniente aunque
incorrecta, llamamos mundo sobrenatural.
Pues el sonido de la campana no llegó a todos los
oídos, ni a todos los corazones. La señora Parry,
que era sorda, lo oyó en el jardín de su solitaria
casa de campo, por encima de la bruma marina;
pero en otra granja al oeste de Llantrisant, un niño
de apenas tres años fue la única persona, entre una
familia de diez, que oyó algo. Gritó en un
balbuceante galés infantil algo parecido a «
Clychau fawr, clychau fawr» (las grandes
campanas, las grandes campanas) y su madre no
supo de qué estaba hablando. Sólo cuatro
hombres, de entre las tripulaciones de la media
docena de barcas de pesca que faenaban cerca de
la costa en medio de la niebla, tenían algo que
contar. Por eso, al principio, los que no habían oído
nada sospecharon que sus vecinos, que habían
oído maravillas, mentían; hasta que la
acumulación de pruebas procedentes de las más
diversas y remotas partes convenció a la gente de
que la historia era auténtica. A podía sospechar
que su vecino B se había inventado la historia; pero
cuando C, desde algún lugar en las colinas a unas
cinco millas de distancia, y D, el pescador en el
mar, escucharon cada uno un rumor parecido, era
evidente que algo había sucedido.
447

